viajes

Post-Bali

Este ha sido un visa run que no ha sido visa run y un viaje que no ha sido viaje. Ha sido algo entre la sombra de los dos – mejor, mucho mejor que un simple viaje a por una pegatina en el pasaporte y no tan genial como un viaje con total libertad. Dos viajes a la embajada y cuatro a la Apple Store han impedido que me pudiera mover mucho por Bali, pero al final ha sido lo que necesitaba. Unos 8 meses de visado, el ordenador arreglado y la oportunidad de saborear lo que es vivir en Legian gracias a Nicky y Amelia, dos chicas alemanas que me han recibido en sus vidas como si me conocieran de toda la vida. Y eso se agradece, encontrar a gente por el camino que te da lo que tiene sin esperar nada a cambio.
Gente que te abre las puertas de su casa y te invita a un café, gente que te lleva en moto para que te ahorres las tarifas de locura de los taxis, gente que te pone al día de sus cotilleos en dos horas y te considera una más desde el principio, gente con la que tomar una copa al anochecer. Personas que te hacen sentir bien, como en casa lejos de casa.
Me hablaron de surf y yo les hablé de buceo, comparamos vidas en islas distintas, compartimos lo que echamos de menos, hablamos de Europa, de vidas reales y de sueños, hablamos de chicos y de diferencias culturales, nos sentamos en nuestra terraza y vimos pasar las horas (rápido, como solo pasan cuando te encuentras a gusto). Vi que su pasión por Bali es como la mía por Koh Tao y nos sentimos unidas por ello. Al fin y al cabo, ellas también son mujeres de viajes y agua.

Sé que siempre digo lo mismo, pero cada vez que salgo de mi(s) casa(s) lo vuelvo a descubrir. El paraíso no es un lugar es la gente.

Y sé también que algún día volveremos a cruzar nuestros caminos, aunque quien sabe si en Bali o en Koh Tao…

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Visa run a Bali

Cuando sales de tu zona de confort aprendes, aprendes mucho.

Estoy en Bali, donde he venido con dos misiones y con mínima ilusión (por no hablar aún de mínimo dinero). Mis misiones son un visado para Tailandia y arreglar el Macbook. Parece que ambas van a ser satisfactorias, así que el viaje debe considerarse un éxito. ¿El problema? Que he recordado. O aprendido. No lo tengo muy claro (aunque lo dejaremos en aprendido).

He aprendido…

que la pija que hay en mi nunca va a desaparecer. Que si me dejas en una calle llena de tiendas Roxy, Quicksilver, Billabong… voy a querer comprarlo todo. En Koh Tao es aceptable vestir como un pordiosero, pero a la mínima que sales ya no lo es. Y ahí es donde mi Neus más Neus aparece. Yo quiero ser la que siempre soy, la que viste con estilo, la que sabe lo que hace cuando elige su ropa y sus zapas, la que tiene las mejores prendas acorde con lo que le gusta. Pero… ay, mi amigo el dinero…

que en todos los países hay bueno y malo y hay que asumirlo, entenderlo y disfrutarlo.

que para cada cosa buena que pase, puede pasar una mala y eso no borra lo positivo.

que gente buena (y mala) también hay en todas partes y ese es el tesoro más grande. Que un taxista te cobre 13€ por 4 horas de llevarte a la embajada, la Apple store y a buscar sitio donde dormir mientras te explica todo lo que va viendo por la carretera es la prueba de ello. Terima Kasih 🙂

que nunca me van a gustar las playas con chiringuitos y aglomeraciones, así como nunca voy a poder pasarme un día entero en la playa haciendo nada.

que una vez encuentras tu sitio no tienes por qué seguir buscando. He conocido a dos chicas alemanas que no han visto mundo pero que están enamoradas de Bali y sienten que deben viajar porque “es obligatorio” ver mundo. Mi respuesta: No, no lo es. Si esto es lo que os gusta, enhorabuena, habéis encontrado lo que muchos buscan durante toda su vida y nunca encuentran.

que el dinero (me perdonen todos ustedes) sí que compra la felicidad (una parte de ella, al menos).

Y lo más importante que he aprendido es que no importa lo bonito y espectacular que sea el sitio en el que estás… al final del día, sólo quieres estar donde siempre – bebiendo cervezas con los tuyos y celebrando dos snorkel tests en Koh Tao.

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Aeropuertos

Sólo me quedan 9 días más en Menorca antes de volver a embarcarme en una nueva aventura, un nuevo invierno con sabor a verano que volverá a tener como escenario ese otro país que tanto me fascina: Tailandia. Concretamente, mi otra islita, mi otro rincón, mi otro paraíso, mi mucha felicidad… Koh Tao. Por tercera vez.

Así, estos días me pierdo entre las nubes de mi mente pensando en estar ya allí, pero también en llegar. Como todos sabemos, una parte grande de viajar consiste exactamente en eso: viajar. No en estar en mil sitios, sino en movernos de uno a otro. Y con las experiencias ganadas a lo largo de años, tengo muy claro lo que eso significa… trenes, taxis, tuk-tuks, autobuses, aviones, barcos, motos… y tiempo y paciencia. Sobretodo tratándose del sudeste asiático. Dinero no, pero paciencia toda.

Con todo esto, he recordado un texto que escribí sentada en una larga espera de aeropuerto y he querido recuperarlo porque así es casi como si mi camino ya hubiera empezado. Aquí lo dejo:

 

17.enero.2012

Aeropuerto de Los Angeles, USA 

Los aeropuertos, fascinantes, extraños, distintos. Son como un ecosistema diferente, un lugar donde las cosas ocurren con otro tempo, con otras medidas. Se disparan los precios porque todos saben que a los viajeros no nos queda más opción que la de pagar lo que nos piden. Y no será porque vendan algo que no podamos encontrar en otro lugar. En serio ¿existe algún aeropuerto en todo el mundo que carezca de Toblerone?

Por otro lado, todo está listo para gente con tiempo en escalas eternas y, a la vez, para pasajeros con prisas que solo pueden pararse a por un café para llevar. Un mundo, distintas velocidades.

A punto de dejar New York vía JFK en dirección a LAX en Los Angeles

Y luego está la extrañeza. Estoy sentada sola en una mesita de un bar / restaurante / sandwichería / cafetería y observo a la gente. Lo que más me choca es el silencio que predomina la sala (sólo después de que se haya ido una clase entera de adolescentes). Hay otro señor que está solo, de espaldas a la tele con un bocadillo y una cerveza. Hay también una chica resolviendo crucigramas y tres parejas. Tres parejas silenciosas. Comen en tres mesas. Dos cara a cara, unos costado con costado. Pero no importa porque ninguno habla. Me parece extremadamente curioso pero me he decidido a no juzgar. Quizá esté bien que haya silencio.

 

A parte de todo esto, justo llegar a LAX he escrito una frase sobre estos lugares tan especiales: “lugares de lágrimas de diferentes sabores”.

Reencuentros, despedidas, gente que abandona su hogar, otros que persiguen sueños. Y lloran… de alegría, de tristeza, de ilusión, de dolor, de esperanza, de desamparo.

Sonrío mientras recuerdo muchas situaciones vividas en aeropuertos… con mis padres, mis primas, mi perra, con mi equipo, mi entrenador, con compañeros de clase, con Marc. Todas distintas. Huyendo, buscando, obligada, por voluntad propia, acompañada, sola.

No me apetece entrar en detalles porque en realidad podría escribir un libro sólo con anécdotas, pero hoy no estoy aquí para recordar, sino para caminar. Esta vez avanzo, busco y los ojos me brillan con ganas e ilusión. Sí que me siento algo sola, sí que envidio a los que tienen con quien sentarse y pasar el tiempo, sí que echo un poco de menos. Pero estoy aquí porque quiero, porque persigo un sueño muy grande, porque esta vez he decidido que esto sea sólo sobre mí. Egoístamente.

Me doy cuenta de que voy por el buen camino por dos motivos básicos y muy simples. Uno: yo me voy feliz mientras que la gente que dejo atrás se ha quedado llorando. Esto para mí significa que la Neus de verdad ha vuelto. Dos: en la cola para embarcar he escuchado a alguien decir la palabra “diving”. Y no era yo. Por primera vez en dos años no he sido yo la que ja traído el mar a la conversación. Se me ha puesto la piel de gallina. Y eso que aún no me he marchado del país, aunque estoy a punto… 10 horas y media de sobrevolar el Pacífico y ya estará. Ya estaré. Sol, mar y playa.

 

Can’t wait.

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Llave para cruzar fronteras

New passport

Un nuevo pasaporte con muchas páginas en blanco para llenar y un deseo de la señora que los tramita:

“Espero que puedas usar y disfrutar el pasaporte nuevo tanto como el antiguo!”

Y yo 🙂

15 días, primer sello: Tailandia.

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Comparaciones imposibles

Cuatro fotos de un mismo momento del día en cuatro lugares muy distintos entre si y diferentemente especiales. Capturas de un instante en el que el hombre se para para admirar la naturaleza, ese momento en que el día deja de ser día para dar paso a la noche, ese momento de cambio fugaz que tanto me gusta admirar.

Son Bou, Menorca

Son Bou, en mi isla de nacimiento. Como casi todas, una puesta de sol tranquila, cielo de verano sin nubes. El día parece morir para que la noche llegue. El día acepta el momento de su relevo plácidamente.

Coral Coast, Fiji

Costa sur de la isla principal de Fiji. Cielo de tormenta tropical sin que llegara nunca la lluvia. En Fiji los colores se pelean y se entremezclan, los fríos con los calientes, los del día con los de la noche. Existe ese momento en que se funden para ser uno solo.

Manhattan from Brooklyn, NYC

Desde mi barrio mirando hacia la jungla de asfalto. Contraste de un fenómeno de la naturaleza con un fenómeno del ser humano, la puesta de sol suave contra la agreste ciudad. La maravilla de una transición lenta, sin lucha, de una fusión agradable del día con el atardecer y luego con la noche.

Koh Tao, Thailand

Koh Tao, mi isla de adopción. Puestas de sol salvajes, a cada cual más espectacular. Con nubes, con sol, con luna, con mar. Naturaleza en su estado más puro. Instante de lucha en que el día parece batallar por quedarse y la noche empujar para llegar. El cielo tiene tendencia a encenderse, a volverse de fuego, a dejar con la boca abierta a todo aquel que esté mirando. Naturaleza contra naturaleza. Pasión.

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Distancia

Esta mañana me han llegado de letras amigas las mismas preocupaciones, la misma angustia, las mismas dificultades que yo sentí la primera vez que me marché de casa hasta un lugar donde te sientes atrapado por la distancia. Un sitio donde estamos fuera de nuestra zona de comfort y no tenemos muy claro como sentirnos bien. En mi caso Washington DC, en el suyo Australia. Lugares que ya no están al alcance un simple avión, como sí lo estaba Barcelona mientras estudié allí. Y entonces empiezan los nudos en la garganta, el miedo por no saber adaptarse, la equivocada certeza de que no estamos hechos para estar lejos de donde hemos crecido.

Sin embargo, sí que lo estamos, igual que para cualquier otra cosa. El ser humano se acostumbra a lo que sea si quiere hacerlo, solo hace falta una pizca de paciencia, optimismo, fuerza… y un poquito de pócima mágica, de polvo de hadas, de ese algo indescriptible que nos da toda la fuerza que nos está faltando. Hace 5 años me dijeron esto:

 

*Heroes don’t feel great all the time and what you are doing over there is heroic. It’s normal that you feel like leaving everything to find yourself back home, but think about all your learning*

 

Hoy yo te lo digo a ti. Tampoco yo sabía viajar al principio, vivir lejos de casa y de los míos, hasta que me conocí y aprendí a disfrutar de lo que sea donde sea. Es una de las mejores cosas que he hecho en la vida: dejar el nido y adaptarme a cualquier novedad hasta el punto de ansiar lo desconocido cuando paso demasiado tiempo envuelta por la comodidad de lo que ya me es muy familiar.

Don’t give up. Keep looking for what makes YOU happy.

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Pasado, presente y futuro

Estos días tengo Tailandia muy cerca. Me llega de una mano amiga en forma de breves anécdotas que me dejan con ganas de más y de imágenes de lugares tan familiares que me parece imposible que esas no sean mis fotos.
Por culpa de ello, he repasado y vuelto a repasar los álbumes de esos dos meses que pasé en la tierra de la felicidad simple. No las fotos que publiqué, sino todas. Las buenas y el resto. Las borrosas, las que están cortadas, las que no tienen interés para nadie más que para mi, las repetidas 500 veces. Las miro por orden y me cuento la historia a mi misma como si no la supiera, y cuando un detalle casi olvidado me sorprende me pongo a reír. Sí, parezco uno de esos newyorkers locos que se pasean felizmente cantando por la calle… pero a mi me gusta contarme historias que casi nadie más entendería.
Además hoy, “gracias” a una extraña actualización de facebook, he podido filtrar los estados y textos que acerté escribiendo en esa época en la que habitaba esos 21 km cuadrados de tierra. La verdad es que son más bien pocos y simples. Cosas como “I’m a happy diver!” con una respuesta que lee “And I’m a diver with a cold and a bad foot. But really happy too!”.

Y no he sonreído, no. Me he reído a carcajadas. Han vuelto esos momentos con tal claridad que no he podido hacer de menos. La moto, la bajada, la subida, Aow Leuk, el tornado, las pinzas de Dan, los gomitos en la playa, el betadine, los peces que comen piel muerta. El buceo… Como el del video de Bill que también me ha dejado con una gran sonrisa en la cara. El barco rosa, las caras conocidas, las rutinas que aprendí, los reguladores, los tanques, los BCD’s, esas aguas y peces que ya me eran familiares. Phoenix Divers. Koh Tao.

Me encanta porque igual que la isla es una isla-burbuja, los recuerdos también lo son. Nada malo se cuela en ellos. Todo bueno. Y las ganas de volver a pisar esos caminos y zambullirme en ese mar. Las ganas de dejar los -2º atrás y volver a los 30º.

Y si no os lo explico todo es porque hay partes del cuento que son como las fotos descartadas: solo nos importan a los que vivimos todo aquello 🙂

La cuenta atrás ya es algo muy real… 4 semanas 
-aunque antes de Tailandia toca Fiji!-
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Paréntesis neoyorquino

-Tienes el domingo libre, no? Quieres el sábado también? Y necesito a alguien que libre el lunes de la semana próxima…

Y así, sin comerlo ni beberlo, me encuentro con tres días libres seguidos. Los primeros desde noviembre. 
*Espera… qué día es hoy? Viernes! Mi fin de semana empieza mañana! Corre Neus, planea algo!
Una llamada a mis niñas en DC. No estarán en casa, es agosto. Un vistazo a precios para visitar las cataratas del Niagara. La vida en dólares. Un pensamiento de rendirme e ir a la playa a Coney Island. Y un “fuck it, Boston it is”. No tenía pensado ir a Boston antes de marcharme, no estaba en mi lista de To Do’s. Había estado en el TD Garden para el partido y eso era toda la dosis de felicidad que necesitaba de esa ciudad, pero los no-planes molan y esto fue un no-plan. En 24 horas me plantaba en Boston sola y con mi mini-mochila. Esos fueron los únicos minutos que pasé sola, aunque aún no lo sabía.
Me tomé el fin de semana como un entreno para mi RTW, para ver lo que me hará falta, lo que no, como me sentiré viviendo solo de lo que llevo en la espalda, como se hacen las cosas sin planearlas… Mis conclusiones fueron simples por esta vez. Fluye. Y ya está. Las cosas tienden a funcionar. Sonríe. Nada más. Y me dura la sonrisa.
Boston… Boston es el amante serio, la responsabilidad hecha belleza. Es pulcritud y simpleza. Es encanto más allá de la fama. Es el brillo de la clase media. Sin el glamour excesivo de Manhattan, ni la pobreza de barrio de Bed-Stuy. Es el marido perfecto con el que te casas sin haberte enamorado y, pese a ello, te hace feliz.

Es una ciudad sin aires de grandeza, sin nada impresionante, ni nada que deje indiferente. Su magia está en el conjunto, en el todo, en andar sus calles durante horas y seguir diciendo “vaya pedazo de lugar” sin saber muy bien por qué. Tranquila, silenciosa, llena de turistas descubriendo sus rincones, interesante, repleta de historia e historias magníficas como las que nos contaba el señor de la impresora de 1800. Y, sobretodo, limpia. Nada de basura por la calle, nada de aire contaminado o aceras sucias. Quizás sea, junto a DC, la antítesis americana de New York. Tranquila, relajada, elegante. 

Alguien dijo que es más europea y quizá sea cierto. Para mí, la mejor descripción es la que afirma que Boston es más habitable. Allí, como en Bed-Stuy no tienes que pagar $120 para cortarte el pelo e ir perfecta, no tienes que llevar tacones para ir al super ni el vestido más caro para deslumbrar a las vecinas. Tiene más tendencia humana que monetaria. Y eso va conmigo.
Además, tuve la suerte de conocer Italia. Por encima, en palabras, en hechos, en anécdotas. Aprendí un “Io voglio vivere a Boston perché mi piace molto” que siempre sonará mejor que lo que ya sabía de “Io voglio affitare una machina senza scarpe” (sí, junté dos frases que aprendí en FL y en el hotel para crear algo como “quiero alquilar un coche sin zapatos”). 

Boston es un bonito lugar para aprender sobre nuestros casi-vecinos europeos. Me encantó y me hizo sentir como en casa. El background, la cultura, las vivencias de una italiana me hicieron sentir mediterránea (por primera vez en mi vida), porque aunque no compartamos país… somos una misma raza. El aceite de oliva, las aceitunas, el atún en conserva, el pan… Probad a decirle a un americano que nosotros comemos pan todos los días y me entenderéis.

Un éxito. Un fin de semana de lujo sin lujo alguno. Un buen inicio. La reafirmación de que basta con soñarlo y dar el primer paso. Y unas muchas ganas de no haber vuelto atrás. Habría seguido, mi mochila y yo, adelante, descubriendo nuevos sitios, sin un trabajo al que regresar, sin prisas, sin fechas, sin obligaciones, sin cadenas.

Todo lo que quiero tener por delante es el mar. 

Llegará.
Cada vez queda menos. La carretera me espera en algo más de cinco meses… Y promete.
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El músico del metro

Hoy quería hacer una presentación para que conozcáis a mi músico favorito del metro de NYC. A veces está en Union Square en el andén del tren L y otras veces en Metropolitan Avenue en el andén del G (puede que en algún otro sitio, pero escapa a mi conocimiento). En esas dos paradas hago dos de mis transfers para ir a casa y algunos días tengo la suerte de poder quitarme los cascos para escucharle a él. Si no tengo prisa me espero a que pasen un par de trenes hasta que canta esta canción:

Fantástico.

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RTW trip

Quedaos con eso… RTW – Round The World

Algunos ya me han escuchado poner en palabras mi siguiente sueño, otros lo pueden imaginar y al resto supongo que les cogerá por “sorpresa”. Tan por sorpresa como puede ser algo viniendo de mi.
Se cumplen 8 meses desde que llegué a Nueva York y así como hasta ahora cada mes ha sido uno más, ahora que he llegado al ecuador de mi visado, cada mes va a ser uno menos. Un mes menos para terminar una aventura genial y empezar otra mejor. Ya ha empezado mi cuenta atrás.

Con ella empieza el ahorro más serio (incluyendo la venta de posesiones), la creación del boceto/esqueleto del viaje, las listas de cosas por hacer antes de irme, de cosas que necesito y de cosas de las que debo prescindir. Al fin y al cabo, en unos meses estaré viviendo con la casa a cuestas en forma de mochila.

He investigado mucho para adaptar lo que quiero hacer a lo que me voy a poder permitir. He batallado con agencias (de viajes, de seguros…), he contactado embajadas (me falta la mía en NY), he leído guías y blogs a montones, he bombardeado con preguntas a amigos que viajan o han viajado, pero sobretodo me he formulado las preguntas mágicas “¿qué quiero hacer?” y “¿es posible?”

Lo es. Va tomando forma. Día a día. Paso a paso.

La primera parte del viaje la tengo bastante clara – cruzar el país por tierra, ver Los Angeles y salir de allí hacia Fiji. Nueva Zelanda y Australia a continuación. Luego a Indonesia. Y ahí es cuando  todo está un poco más borroso. Ya no tengo claro cuantos días en cada país, si saltarme alguno que había pasado los primeros cortes (Malasia), si ver solo la capital y seguir subiendo, si alargar el periodo tailandés para incluir el Dive Master o si alargar la estancia en Indonesia que es un lugar nuevo para mi… El puzzle no tiene tanto sentido cuando es hora de montar Asia, pero es realmente por un buen motivo: allí el dinero no me limita tanto y no tiene porque dibujar mi itinerario como me pasa con Australia.
Puedo colocar las piezas como yo quiera (con permiso de los tiempos de visados) y por ello, estoy muy segura de que voy a dejar muchas sin colocar y ya les encontraré su sitio cuando llegue. Al fin y al cabo, ya he viajado antes y tengo muy claro que los planes cambian a cada segundo. Te enamoras de un sitio y no quieres irte, en otro estás listo para marcharte antes de lo planeado, conoces gente que te cuenta historias maravillosas de sitios que no sabías que existían o que viaja unas millas/días contigo… Nunca se sabe.

Lo importante es esto: me he decidido a echarme a la carretera otra vez y tengo fecha de partida. Y como me dijeron el otro día “si me lo dijera otra persona me reiría, pero lo dices tú y estoy segura de que lo vas a hacer”.

Mi vuelta al mundo empieza ya. Preparativos en marcha. Paciencia y ganas, muchas ganas. ¿Os venís?

 

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