invierno

Frío y calor

Ha llegado el invierno y con él el frío infernal que arrasa la ciudad con sus 0º. Ya no nos encontramos con los vecinos en la calle para pasar el rato, ni me espera por las mañanas el señor que durante meses me ha dicho “good mornin’, sunshine!” Salir a correr al parque se acerca al suicidio e ir a Coney Island debe ser muy parecido a querer correr una maratón en Groenlandia. Las calles están vacías, los niños de al lado hibernan e incluso el “scary corner” está más tranquilo de lo normal. Parece un barrio fantasma.
Y esto en Brooklyn. En Manhattan es peor… los trenes están a reventar porque ya nadie camina o pedalea al trabajo, por la calle todo el mundo tiene el doble de prisa de lo normal para evitar que se les hielen las orejas, y los corazones de la gente parecen haberse congelado también… Andamos todos tan escondidos entre bufandas, gorros y abrigos que parece que llevemos armadura.
Esto es lo que no me gustaba de aquí, ahora me acuerdo bien. A parte de la novedad de vivir en un sitio que ya es frío por sistema, también fue el frío físico lo que me atacó al principio. La poca vida al aire libre, la imposibilidad de pasear, ir de excursión, descubrir rincones. La sensación de tener que estar atrapada entre paredes para no morir en el intento de hacer algo en el exterior.
Aunque, por suerte, este invierno difiere en algo del anterior. Por suerte, esta vez estoy en casa, en Bed-Stuy y aquí tengo a mi familia Brooklyner, a mis chicos, y eso hace una gran diferencia. Tanta que me da pena tener que irme.
Ahora que se acerca el momento, no se les olvida ni un solo día lo de recordarme que me van a odiar cuando me haya ido. Cada uno a su manera, dibujan una sonrisa en mi cara porque me han abierto la puerta del barrio y de sus vidas… el que toca a la puerta cuando no debe, el que me entiende y se pone de mi lado, el que se alegra de que me preocupe por él, el que mataría por mi. Escucho “well, we don’t want you to go, cus you know, it’s nice seeing your face from time to time” y todo el mundo estalla en carcajadas, porque hay situaciones en que una frase de un hombre de corazón de hielo vale más que un te quiero.
Como me dijeron el otro día “after one year of belonging here, you’ll never be able to get Brooklyn out of your heart”. Cierto. Aquí he crecido, he aprendido, he visto cosas que no pensé que ocurrieran, he ganado perspectiva, me han querido, me han odiado, me he sobrepuesto a todo, me he hecho fuerte, me he preocupado por los demás, he llorado… pero sobre todas las cosas, he sonreído y he sido feliz. Ahora soy de aquí también, pertenezco, es parte de en lo que me he convertido, encajo. Y una parte de mi siempre será de Brooklyn. 
Además…, “bueno, ya sabéis, a mi tampoco me gusta del todo la idea de irme, porque es bonito veros las caras de vez en cuando”

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Categories: Bed-Stuy, Brooklyn, invierno | Leave a comment

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