Desvaríos

Once upon a time…

Hoy quiero contaros una historia, una de esas que parecen olvidadas entre recuerdos dolorosos, una de esas que podrían haber importado pero que no lo hicieron.

Hubo una vez un chico… como en todas las historias, como en todos los cuentos, como en todas las películas. Y, por supuesto, ese chico llegó en el momento equivocado. Cuando no había espacio, tiempo o sentimientos para él. Lo cual nunca impidió que él tuviera sentimientos para mi.

Sentimientos como los de esas noches en las que se acostaba a mi lado sabiendo que yo nunca sería suya, que nunca podría tocarme, y pese a ello se acurrucaba en mi regazo, me abrazaba y dormía como un bebé. Sentimientos como los de esos atardeceres en los que bailó para mí sabiendo que yo no sucumbiría al deseo, que no iba a ser suficiente, pese a dar su todo que es mucho. Sentimientos como los de esos días en los que me recogía de la uni para llevarme al infierno al que yo quería ir… Sentimientos que traían sombras a sus ojos después de conducir durante horas para verme. Sentimientos que seguramente le partían el alma. Sentimientos que yo quería compartir y no podía. Sabía que habría sido fácil. Él me habría querido de ese modo, me habría acariciado como a mi me gustaba, me habría escuchado a cada momento, me habría mirado con admiración y lujuria. Habría sido lo mejor de mi vida, sin quejas. Pero yo no podía y se lo dije interminables veces… No, no, no… Por qué? Por él. Ese que nunca estaba celoso, pero que sí lo estuvo en esa ocasión.

Cuando le contestaba por qué, con una sombra de culpa en los ojos, él empezaba a juzgarme… “él no te quiere como tú mereces, sal de ahí, mírate teñida en un tono gris, ¿dónde está tu música?” Palabras y más palabras que siempre ignoré (aunque no del todo). Mi mirada se volvía opaca y se concentraba en el suelo por vergüenza de admitir que sabía que tenía razón. Palabras que volvieron a mi meses después de que todo terminara. Él siempre lo supo y yo no quise (o no pude) escuchar.

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Quizás fue el amor más puro que alguien sintió por mi. Empezando por lo malo, siguiendo con lo bueno, finalizando conmigo al cuadrado, que es mucho “yo”. Siempre supo como hacerme sentir especial aunque yo no quisiera, aunque yo escondiera a todo el mundo que su mirada era algo más que una mirada. Siempre supo tocarme por dentro aún cuando yo armaba la coraza más grande que soy capaz de armar. Él sabía algo… ese algo que podía leer en mis ojos porque se preocupaba lo suficiente.

Ahora ha vuelto. No de esa forma. Han pasado años y han pasado para todos. La situación no es la misma, nosotros no somos los mismos, ellos no son los mismos, los sentimientos… han cambiado. Puede. O quizá no tanto. Le digo que es un tesoro, me dice que soy lo mejor del mundo. Me dice que me ha echado de menos, le digo que no sé por qué no encontramos un punto medio. Le digo que me voy, me dice que no lo haga, que me quede. Que esta vez podemos encontrar el equilibrio. ¿Por qué no?

Está ahí, cerquita, y pregunta de verdad como estoy, como me ha ido, qué hago y… qué es lo que amo, cuales son mis sueños y si algunos se han cumplido ya. ¿Por qué no me permití enamorarme de alguien así cuando tuve ocasión? ¿Por qué me pareció demasiado buen chico para abrirle esa puerta? Da igual. Sin embargo, algo aún importa – “¿sabes que si nunca me hundí del todo fue porque recordé tus palabras?”, “¿sabes que durante todos estos años he guardado una foto tuya con un escrito a mano que reza *tú vales más que todo eso*?”

Pues sí, y me hace gracia porque siempre supe que me arrepentiría. Yo, la que tiene por principio no arrepentirse de nada de lo que ha pasado… lo supe desde el día uno. Mi mente me dijo – “es él. O lo tomas o se va.” Y se fue. Y ha vuelto… para recordarme que le abrí la puerta para marcharse y no la de quedarse. Y ahora, como en todas las historias, como en todos los cuentos, como en todas las películas, me pregunto por qué. Según él porque siempre estuvimos destinados a ser mejores amigos y a contarnos todo. Según yo… no lo sé. He perdido las teorías, he perdido la lógica, he perdido la voluntad de encontrar esa lógica.

Pregunto y contesto… ¿Quieres volver y quedarte? Hazlo. ¿Quieres contarme tu vida y que te cuente hasta mis más oscuros secretos? Perfecto. ¿Quieres que seamos amigos de cortesía? No, me contestas tú en esta ocasión. De acuerdo. Lo que quieras, te lo debo. Tú empezaste a salvarme sin saberlo.

 

De hecho, tú… no me dejaste caer. Nunca.

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Piezas de mi

Hoy hace frío, todo el frío que pueda hacer en una isla tropical a 27º. Quizá más que frío sea solamente la sensación de la brisa en mi piel aún húmeda después de una inmersión. Por suerte, es algo normal en monzón y me he acostumbrado a no abandonar mi admirada chaqueta nike en casa ningún día, así que me la pongo y por enésima vez un extraño se sorprende al verla “qué bonita”, “qué estilo”, “me encanta como te queda”… Cosas que en New York escuchaba mucho en referencia a mis zapas y mi vestimenta deportiva, cosas que aquí la gente desconoce de mi. Lo echo de menos.

La nostalgia de Harlem, de Brooklyn, de zapatillear, de perderme por calles y tiendas donde se respira hip hop en la ropa. La nostalgia de un mundo que (también) se me da bien, un mundo que algunas veces casi olvido. Y me extraño de ello… tantas veces he alardeado de que me representa, de que me identifico, de que lo adoro… y aquí es algo invisible y desconocido. Aquí todos somos iguales con nuestros bikinis de media peseta, nuestras camisetas de cerveza o buceo, nuestra ropa de mala calidad que pasa más de medio día mojada. Aquí no soy la pija redomada que cuida su imagen al milímetro, que combina sus zapas con la ropa interior y la goma del pelo. Aquí… solo tengo un par de zapas y no me las he puesto en tres meses. Las echo de menos.

La nostalgia de mi otro ser, mi otra mitad, la que un día pensé que formaba parte de otra persona, hasta que aprendí que mi mitad “negra” es tan yo como mi mitad “pez”. Hoy tengo ganas de ponerme un chandal, unas Jordan, un collar y salir a callejear por Brooklyn dirección ningún lado mientras voy cantando por lo bajo canciones de John Legend, Lil Wayne o Eminem. Hoy tengo ganas de olvidar que vivo en una preciosa isla tropical para perderme entre coches y desconocidos mientras saboreo un café del Dunkin Donuts más cercano. Hoy echo de menos ser negra, sin haber perdido ni un poquito la pasión por mi vida como pez.

A veces, me pregunto por qué me he hecho esto a mi misma. Por qué he roto mi corazón en pedazos y los he repartido por el mundo – uno enorme con mi familia en casa, otro bien grande en Brooklyn y su(s) color(es), otro más pequeño en una pista de baloncesto en NOVA y un último gigante aquí conmigo en esta isla donde persigo tiburones sin cansarme.

A veces, me gustaría que las distancias no existieran para poder pasar unos 10 días trabajando en Koh Tao, para luego tener un pequeño break e irme a callejear en Brooklyn durante unas horas, y finalizar el día pasando horas con mi familia en Menorca. Sería perfecto.

Categories: Brooklyn, Desvaríos, Koh Tao | 2 Comments

27 things (I think) I know at 27

1- Heartbreak is not fatal.
2- I have the best family in the world even if they don’t always understand me.
3- I might never be happy doing the same thing for too long.
4- A happy life is much more simple than people think. We complicate things for no reason.
5- I care too much about how much other people like me.
6- I’m not emotionally intelligent.
7- It’s better if I disappear when I get mad. Much, much better.
8- If someone/something makes me sad, I don’t want them in my life. Even if they have the ability to also make me happy.
9- Relationships scare me.
10- Always say goodbye when you leave. It hurts a lot when someone doesn’t give you the chance of a proper farewell.
11- Do whatever makes you happy. Be as selfish as possible when it comes to your happiness.
12- Fuck haters.
13- Don’t rush. Patience is a great virtue if you know how to live with it.
14- Don’t let anyone make you believe that you should live more the way they do it.
15- People care about each other in hundreds of different ways.
16- Don’t abandon the ones who love you.
17- Dance, swim, run. Exercise.
18- Water is my element, my calm and my happiness.
19- Peace and freedom are the key.
20- Help someone if you have the chance. Never expect anything in return.
21- Don’t settle for less than what you want.
22- Routine is boring. Boring is unhappy.
23- Travel. Open your mind. Learn.
24- Education is one of the most important things in the world. It’s also one of the biggest lacks around the planet.
25- Nothing/nobody is indispensable.
26- If I complain too much, I need someone to laugh at me. Then I’ll laugh as well and I’ll stop complaining.
27- I’m an islander.

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Vaso medio lleno o medio vacío

¿Quieres dar pena, ser desgraciado, twittear siempre en negativo, recrearte en lo malo? Go right ahead. Pero no cuentes conmigo, porque la tristeza trae más tristeza, el pesimismo llama a más pesimismo y yo, hoy en día, huyo de esas cosas. A la mínima oscuridad que veo salgo corriendo como si no hubiera mañana. Prefiero recrearme en la felicidad o buscarla cuando no acabo de verla.
¿Sabes? La sonrisa SIEMPRE acude a quien está dispuesto a darle la bienvenida. Creo que esa fue la “lección” más importante que aprendí en 2011. No solo la aprendí (seguramente ya lo supiera), pero la interioricé y me lo empecé a creer como si fuera la más grande y absoluta verdad que existe.
¿Lo mejor? Funciona. Quizás deberías dejar de divertirte nadando y ahogándote en lágrimas y empezar a mirar la parte maravillosa de las cosas. Quizás. Pero yo no soy quién para decirte nada ni dar lecciones a nadie, así que me callo y dejo que fluyan las letras mientras pienso… cuanto se pierde por no querer ser feliz.
Todos decimos querer eso, verdad? ¿Cuántos son los que realmente luchan por ello? ¿cuántos los que se sientan a esperar que la felicidad aparezca por arte de magia? Hay que buscar, luchar, no conformarse, caminar sin pausa. Hay que jugar el partido para ganarlo. Y mientras, hay que disfrutar jugando.
Es fácil cuando decides dejar de quejarte (o pensarlo 5 veces antes de hacerlo, al menos). Basta querer y convencerse. Basta con sonreír hasta cuando duele. Basta perseguir los sueños con todas nuestras fuerzas. Cuando tú lo hagas, te permitiré decirme “claro, que fácil hablar de felicidad cuando estás a punto de volar a Fiji”. Sé que sabes la respuesta que me callé… Lo he luchado, lo he perseguido y me lo he ganado.

Con dos cojones y una sonrisa.

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Carpe Diem

“Once in a while it really hits people that they don’t have to experience the world in the way they have been told to.” – Alan Keightley
Hay tantas cosas más que se pueden hacer, tantos caminos que se salen de la corriente dominante, tantas maneras de evitar el lavado de cerebro al que nos intenta someter la sociedad… Aunque al fin y al cabo, no se trata de evitar el “mainstream” sino de hacer lo que nos hace felices tanto si es lo que hace la mayoría como si somos los únicos del mundo que vivimos así.
Y pese a no haber una sola manera de hacer las cosas, a veces nos hacen sentir que así es, que lo que hacemos (y nos hace felices) está “mal”. Quizá nos hemos salido de lo que se esperaba de nosotros, quizá no hemos elegido el camino que se presuponía que era el nuestro, quizá no sea tampoco el más adecuado… pero en base a qué? A lo que está bien y lo que está mal? Según las leyes de quien?
Mi ley dice que trato de hacer lo que me hace feliz sin hacerle daño a nadie. Mi ley dice que solo tengo una vida para hacer todas las cosas que quiero hacer. La ley dual de Olga dice que entre “prácticos” y “amorosos”, yo formo parte del segundo grupo (cada vez más) y que no hay nada malo en ello. Igual que no habría nada malo en ser de los primeros:

Prácticos vs Amorosos

Los prácticos hipotecan su presente en función de su futuro.
Los prácticos se enamoran de alguien que vaya a gustar a sus padres.
Los prácticos trabajan en bancos aunque tengan vocación de periodistas, de maestros aunque en su día quisieron ser médicos.
Los prácticos saben con quién deben relacionarse y con quién no.
Los prácticos se quedan.
Los prácticos sueñan dormidos.
Los prácticos se casan al llegar a los 30 no vayan a quedarse solos.
Los prácticos sobreviven.
Los prácticos lo tienen todo controlado.
Los prácticos se agarran a clavos ardiendo.
Los prácticos sonríen.
Los prácticos aprenden a ser felices.
Los prácticos no buscan, encuentran.
Los amorosos, en cambio, hipotecan su futuro en función de su presente.
Los amorosos se ríen de las gentes que aman a perpetuidad.
Los amorosos son artistas y fotógrafos, periodistas de guerra, escritores, maestros por vocación.
Los amorosos viven al día, no saben hacer más.
Los amorosos siempre se están yendo.
Los amorosos son los que abandonan, los que cambian, los que siempre han de estar solos.
Los amorosos sueñan despiertos.
Los amorosos viven.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Los amorosos se entregan en cada beso al cien por cien.
Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo.
Los amorosos ríen mucho y lloran más.
Los amorosos lo quieren todo.
Los amorosos no encuentran, buscan.

(Algunas de las frases referentes a los amorosos están tomadas del poema “Los amorosos” de Jaime Sabines)


Olga Moya
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