Monthly Archives: December 2012

Out

Estoy segura que recordaréis como hablaba de lunes y viernes y de como a mí me gustan mis lunes… Hoy me reafirmo. En la última inmersión tuve un problema compensando que derivó en perforación de tímpano, lo cual me va a mantener apartada del agua y de mi adorado trabajo durante al menos un mes. Así, mi vida ha pasado de ser una sucesión de lunes a ser una sucesión de sábados en los que ni gano dinero ni tengo mucho que hacer.

Lo sabía antes y lo sé ahora – nos encanta quejarnos. Muchas veces en los 21 días seguidos que trabajé, me paré a pensar “oh, que ilusión me haría un día libre”, aunque cada una de las veces me recordé que mi vida es fantástica y mi trabajo uno de los mejores del mundo. Ahora… solo quiero volver al agua. Ahora, que es temporada alta y ya he sobrevivido a la temporada baja. Ahora que es el momento de darlo todo y ahorrar un poco. Ahora que la tienda está llena de gente que quiere que les enseñemos nuestros divesites.

Y me dan más ganas cuando veo la pizarra blanca llena de nombres, con tanto trabajo para todos, y veo a mis compañeros correr de un lado a otro dando su alma por nuestra escuela, por nuestro barco rosa, por las sonrisas de nuestros clientes. Hoy, uno de ellos, Sarah, ha tenido tiempo de pararse y mirarme “We need you.” Lo sé y más lo necesito yo… El dinero, el trabajo, la diversión, el estrés previo a la calma subacuática. Sin embargo, de nada sirve apresurarse, mi “enfermedad” se trata de cuidarse y tener paciencia, no importa cuanto anhele la vuelta a mi mundo.

De este modo, me recuerdo hoy a mí misma que no vale quejarse ni cuando las cosas están mal. Hay que reaccionar y seguir, buscar un trabajo para un mes, sobrevivir sin agua y esperar la vuelta con ganas. Y también, recordar una vez más, yo y todos los demás, que más vale una sucesión de lunes que una sucesión de sábados y que hay que disfrutarlos mientas nos rodean.

 

Mi rutina, mis peces, mis explicaciones antes de cada inmersión, mis clases antes de un review, los viajes en barco, la manera en la que conseguimos que todo funcione cada día. Todas las piezas del puzzle. Mi vida.

 

There are definitely days when the romance is dead… but if you look around, things are pretty amazing. So stop for a second, enjoy the beauty, feel the magic, drink it in because it won’t last forever. The romance will fade, things will happen, people will change, love will die but maybe not todayGrey’s anatomy

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Días

La mayoría de la gente, en un destello de innovación típico de las redes sociales, se queja de los lunes y se alegra de los viernes. De hecho, parece que cada semana es una simple cuenta atrás, una carrera desagradable que tiene por final dos días de descanso. Para mí es muy distinto.

Yo trabajo todos los días (si hay trabajo) y solo descanso cuando no hay clientes. Ayer no trabajé y, por un lado, se agradece mantener la piel seca durante un día, pero por otro me incomoda un poco porque yo no tengo un lunes asegurado. Yo podría estar un mes sin trabajar si no hubiera gente y no sería una sucesión de sábados, sino un mes sin trabajo y sin dinero. De este modo, consigo alegrarme de todos mis lunes porque significa que hay suficiente trabajo, significa que sigo sobreviviendo en este mundo superpoblado de divemasters, significa que sigo teniendo éxito en lo que hago. Mi última sucesión de lunes sumó 21 días seguidos, siendo ayer mi primer día libre en diciembre, y yo… me alegro. Me gustan mis lunes.

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Once upon a time…

Hoy quiero contaros una historia, una de esas que parecen olvidadas entre recuerdos dolorosos, una de esas que podrían haber importado pero que no lo hicieron.

Hubo una vez un chico… como en todas las historias, como en todos los cuentos, como en todas las películas. Y, por supuesto, ese chico llegó en el momento equivocado. Cuando no había espacio, tiempo o sentimientos para él. Lo cual nunca impidió que él tuviera sentimientos para mi.

Sentimientos como los de esas noches en las que se acostaba a mi lado sabiendo que yo nunca sería suya, que nunca podría tocarme, y pese a ello se acurrucaba en mi regazo, me abrazaba y dormía como un bebé. Sentimientos como los de esos atardeceres en los que bailó para mí sabiendo que yo no sucumbiría al deseo, que no iba a ser suficiente, pese a dar su todo que es mucho. Sentimientos como los de esos días en los que me recogía de la uni para llevarme al infierno al que yo quería ir… Sentimientos que traían sombras a sus ojos después de conducir durante horas para verme. Sentimientos que seguramente le partían el alma. Sentimientos que yo quería compartir y no podía. Sabía que habría sido fácil. Él me habría querido de ese modo, me habría acariciado como a mi me gustaba, me habría escuchado a cada momento, me habría mirado con admiración y lujuria. Habría sido lo mejor de mi vida, sin quejas. Pero yo no podía y se lo dije interminables veces… No, no, no… Por qué? Por él. Ese que nunca estaba celoso, pero que sí lo estuvo en esa ocasión.

Cuando le contestaba por qué, con una sombra de culpa en los ojos, él empezaba a juzgarme… “él no te quiere como tú mereces, sal de ahí, mírate teñida en un tono gris, ¿dónde está tu música?” Palabras y más palabras que siempre ignoré (aunque no del todo). Mi mirada se volvía opaca y se concentraba en el suelo por vergüenza de admitir que sabía que tenía razón. Palabras que volvieron a mi meses después de que todo terminara. Él siempre lo supo y yo no quise (o no pude) escuchar.

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Quizás fue el amor más puro que alguien sintió por mi. Empezando por lo malo, siguiendo con lo bueno, finalizando conmigo al cuadrado, que es mucho “yo”. Siempre supo como hacerme sentir especial aunque yo no quisiera, aunque yo escondiera a todo el mundo que su mirada era algo más que una mirada. Siempre supo tocarme por dentro aún cuando yo armaba la coraza más grande que soy capaz de armar. Él sabía algo… ese algo que podía leer en mis ojos porque se preocupaba lo suficiente.

Ahora ha vuelto. No de esa forma. Han pasado años y han pasado para todos. La situación no es la misma, nosotros no somos los mismos, ellos no son los mismos, los sentimientos… han cambiado. Puede. O quizá no tanto. Le digo que es un tesoro, me dice que soy lo mejor del mundo. Me dice que me ha echado de menos, le digo que no sé por qué no encontramos un punto medio. Le digo que me voy, me dice que no lo haga, que me quede. Que esta vez podemos encontrar el equilibrio. ¿Por qué no?

Está ahí, cerquita, y pregunta de verdad como estoy, como me ha ido, qué hago y… qué es lo que amo, cuales son mis sueños y si algunos se han cumplido ya. ¿Por qué no me permití enamorarme de alguien así cuando tuve ocasión? ¿Por qué me pareció demasiado buen chico para abrirle esa puerta? Da igual. Sin embargo, algo aún importa – “¿sabes que si nunca me hundí del todo fue porque recordé tus palabras?”, “¿sabes que durante todos estos años he guardado una foto tuya con un escrito a mano que reza *tú vales más que todo eso*?”

Pues sí, y me hace gracia porque siempre supe que me arrepentiría. Yo, la que tiene por principio no arrepentirse de nada de lo que ha pasado… lo supe desde el día uno. Mi mente me dijo – “es él. O lo tomas o se va.” Y se fue. Y ha vuelto… para recordarme que le abrí la puerta para marcharse y no la de quedarse. Y ahora, como en todas las historias, como en todos los cuentos, como en todas las películas, me pregunto por qué. Según él porque siempre estuvimos destinados a ser mejores amigos y a contarnos todo. Según yo… no lo sé. He perdido las teorías, he perdido la lógica, he perdido la voluntad de encontrar esa lógica.

Pregunto y contesto… ¿Quieres volver y quedarte? Hazlo. ¿Quieres contarme tu vida y que te cuente hasta mis más oscuros secretos? Perfecto. ¿Quieres que seamos amigos de cortesía? No, me contestas tú en esta ocasión. De acuerdo. Lo que quieras, te lo debo. Tú empezaste a salvarme sin saberlo.

 

De hecho, tú… no me dejaste caer. Nunca.

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