Monthly Archives: November 2012

S’àvia Carmela

Ella casi se ha ido ya, o quizás se fue hace mucho tiempo. Dejó de andar, dejó de poder cuidarse, dejó de mirarnos. Ahora su cuerpo abandona del todo, no más lucha, no más vida. Y todo lo que puedo pensar es que yo tengo suerte, que yo pude conocerla antes de todo esto, antes de que quedara solo lo negativo, cuando en su nevera siempre había galletas de chocolate y cantimploras con agua fría. Pude construir casitas de cojines en sus sofás e ir a dormir a su casa todos los viernes. Comí su sopa cada vez que se la pedí y me senté a su lado para que me leyera mis Zipi y Zape cuando no quería leerlos yo sola. Pasé innumerables Navidades y Reyes en su casa y pude escuchar el sonido de las fiestas de mi pueblo a través de su ventana.

Tengo suerte, más suerte que mis primas, porque crecí con ella, con una abuela al alcance de la mano que me dio todo lo que quise y que me hizo sentir siempre como su favorita. Ella era la mía, yo creo que lo sabía. Criada en otra época con principios muy distintos a los míos, con ideas antiguas, quien sabe si erróneas, pero a pesar de ello una persona inteligente que quería enseñarme lo que ella había aprendido a lo largo de los años. Nunca me interesó nada que tuviera que ver con la iglesia, pero aún y así fui a muchas celebraciones, procesiones y eventos varios con ella. Quién sabe… quizá con eso la hice un poco más feliz.

Hoy me dicen que se marcha, que no hay vuelta atrás, que ya no me miraran más esos ojos, que su casa vacía seguirá como está… y yo me pierdo entre recuerdos de mi infancia feliz sabiendo que eso es todo lo que me queda ahora de ella.

 

Eso y el color de mi pelo que será para siempre una de las mejores herencias que me podía dejar.

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Piezas de mi

Hoy hace frío, todo el frío que pueda hacer en una isla tropical a 27º. Quizá más que frío sea solamente la sensación de la brisa en mi piel aún húmeda después de una inmersión. Por suerte, es algo normal en monzón y me he acostumbrado a no abandonar mi admirada chaqueta nike en casa ningún día, así que me la pongo y por enésima vez un extraño se sorprende al verla “qué bonita”, “qué estilo”, “me encanta como te queda”… Cosas que en New York escuchaba mucho en referencia a mis zapas y mi vestimenta deportiva, cosas que aquí la gente desconoce de mi. Lo echo de menos.

La nostalgia de Harlem, de Brooklyn, de zapatillear, de perderme por calles y tiendas donde se respira hip hop en la ropa. La nostalgia de un mundo que (también) se me da bien, un mundo que algunas veces casi olvido. Y me extraño de ello… tantas veces he alardeado de que me representa, de que me identifico, de que lo adoro… y aquí es algo invisible y desconocido. Aquí todos somos iguales con nuestros bikinis de media peseta, nuestras camisetas de cerveza o buceo, nuestra ropa de mala calidad que pasa más de medio día mojada. Aquí no soy la pija redomada que cuida su imagen al milímetro, que combina sus zapas con la ropa interior y la goma del pelo. Aquí… solo tengo un par de zapas y no me las he puesto en tres meses. Las echo de menos.

La nostalgia de mi otro ser, mi otra mitad, la que un día pensé que formaba parte de otra persona, hasta que aprendí que mi mitad “negra” es tan yo como mi mitad “pez”. Hoy tengo ganas de ponerme un chandal, unas Jordan, un collar y salir a callejear por Brooklyn dirección ningún lado mientras voy cantando por lo bajo canciones de John Legend, Lil Wayne o Eminem. Hoy tengo ganas de olvidar que vivo en una preciosa isla tropical para perderme entre coches y desconocidos mientras saboreo un café del Dunkin Donuts más cercano. Hoy echo de menos ser negra, sin haber perdido ni un poquito la pasión por mi vida como pez.

A veces, me pregunto por qué me he hecho esto a mi misma. Por qué he roto mi corazón en pedazos y los he repartido por el mundo – uno enorme con mi familia en casa, otro bien grande en Brooklyn y su(s) color(es), otro más pequeño en una pista de baloncesto en NOVA y un último gigante aquí conmigo en esta isla donde persigo tiburones sin cansarme.

A veces, me gustaría que las distancias no existieran para poder pasar unos 10 días trabajando en Koh Tao, para luego tener un pequeño break e irme a callejear en Brooklyn durante unas horas, y finalizar el día pasando horas con mi familia en Menorca. Sería perfecto.

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Scuba Quote

*Buoyed by water, he can fly in any direction-up, down, sideways-by merely flipping his hand. Under water, man becomes an archangel* Jacques Cousteau

Underwater Love

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Bull Sharks residentes en Sail Rock

Sé que lo explico muchas veces con palabras bonitas y grandilocuentes, pero se quedan rancias y sosas al lado de lo que es la realidad. Sé que es así porque las sensaciones son atrapadas entre letras y no pueden evolucionar, no pueden crecer, no pueden explotar… Lo observo en los ojos de los fun divers que nos acompañan a Sail Rock, en como les cambia la mirada de antes a después de la inmersión, en como olvidan el miedo tan pronto como ven a su primer tiburón y abrazan su majestuosidad y elegancia.

Quizá unos segundos de video consigan acercaros un poco más a mis amigos marinos.

 

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