Monthly Archives: June 2012

Chamalú – Indio Quechua

Saboreo cada acto.
Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí,
entonces me portaba como los demás querían 
y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada
buena educación siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó
que la vida no es un escenario!
 Desde entonces me atreví a ser como soy.


***

La meta no existe, el camino y la meta son lo mismo.
No tenemos que correr hacia ninguna parte,
sólo saber dar cada paso plenamente.

Cuando somos más grandes que lo que hacemos,
nada puede desequilibrarnos.
Pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes
que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado.

Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez.
Amo el  amor que me inmuniza ante la infelicidad
que pulula por doquier, infectando almas
y atrofiando corazones.

La gente está tan acostumbrada a ser infeliz,
que la sensación de felicidad
les resulta sospechosa.

La gente está tan reprimida, que la espontánea ternura
le incomoda y el amor le inspira desconfianza.

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Koh Tao

A place where routine is never monotonous, where boredom doesn’t exist, where procastination is the norm, where happiness isn’t the exception to the rule, where craziness is accepted and necessary, where working is an absolute pleasure.

The land of smiles. If you ever live there, or visit, you will most definitely understand why.

And then you will also go back every time you close your eyes.

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Tiempo de Menorca

No es NY con su billón de cosas por hacer todos los días y su infinidad de rincones asombrosos por descubrir.
No es Fiji con su novedad, su tiempo cambiante, su compañía deportiva y sana.
No es Malasia con sus diferencias, sus extremos y su fugacidad.

Es Menorca, es la isla donde crecí y vuelvo a sentirme en casa en ella gracias a cosas tan básicas como algo de trabajo, agua y amistad.

Un trabajo de bar, de servir pomadas y cervezas, un trabajo de fiestas, de correr, de no parar. Algo para lo que estoy hecha. Para el estrés y las carreras, para el no pensar, para las horas llenas de desgaste. Me encanta.

Agua. Como siempre. El sitio donde me siento a gusto, donde soy más yo, donde soy feliz flotando a 25 metros de profundidad.
Buceando como he hecho en los últimos meses, aunque solo pueda ser una vez a la semana. Me llena increíblemente seguir viendo barracudas dando vueltas a mi alrededor mientras ando perdida en mis pensamientos, y todo gracias a mi tío con el que comparto pasión. Impagable.

Swim through en Es Pas de Cavalleria

Amistad. Cerrando capítulos que me doy cuenta de que caducaron ya, historias con gente con la que ya no comparto nada. Esas cosas ocurren… dejas de compartir el día a día, las canchas de baloncesto, la misma rutina, y dejas de tener cosas de las que hablar. A mi no me interesan las historias que me cuentan, a ellos no les interesan las mías. He aprendido que es así y que no pasa nada, que no hay culpas. Al fin y al cabo, lo único que teníamos en común ya no existe.
Por otro lado, amistad de la de siempre, eterna. Esas personas que sin importar cómo o por qué siguen ahí. Se interesan por mis viajes y mis locuras, mientras yo me intereso por sus rutinas, sus “problemas” y su lucha por lo que quieren. Personas con las que sé que siempre podré contar para jugar a tirar tapones de botellines de agua dentro de una jarra de cerveza. Parece una tontería, pero es mucho más importante que el resto de cosas que ocurren diariamente: reírte en compañía con algo totalmente irrelevante, reírte hasta llorar y vencer la sombra del aburrimiento. Dosis diaria de complicidad, de entendernos sin querer, de hacer el loco sin importar mucho más. La vida es sencilla con una amistad así.
Amistad que en los últimos años en la isla había echado mucho de menos. Un gustazo tener a mi gente de vuelta, por fin.

Este va a ser (y ya es) un gran verano de disfrutar de lo de siempre como si fuera nuevo.

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Missing them

Sabía que les echaría de menos, pero ¿tanto?

Parte de la familia Phoenix

A ellos y a sus abrazos, lo que hace que me pregunte por qué en nuestro país nos cuesta tanto abrazarnos de verdad. ¿Será que los dos besos han matado el contacto más íntimo? ¿Será que nos parece que el tacto solo importa con la pareja? ¿Será que somos más europeos que mediterráneos en ese sentido? ¿Será que no nos han educado así?

Quizá no nos lo hayan enseñado desde pequeños, quizá no caben en el día a día, quizá estamos ocupados haciendo otras cosas… En cambio, en Koh Tao sí que tienen cabida, aunque sea en una situación rutinaria. Recuerdo que la mayoría de los días me encontraba a James volviendo del 7 eleven cuando yo me dirigía hacia allí a las 6.30am y nos parábamos en medio de la calle – buenos días, un beso en la mejilla y un abrazo de verdad. Para seguir luego caminando hacia la tienda con una sonrisa en la cara. Y quien dice James, podría decir cualquiera. Es difícil explicarlo en palabras… son sensaciones, sentimientos, vibraciones… Los días empiezan de una forma más positiva cuando empiezan así. Creo que esos abrazos forman parte de la diferencia entre el “estoy bien” y el “estoy de lujo”.
Aquí, en cambio, levantarías las cejas un poco, o la cabeza, con suerte quizá sonreirías al pronunciar un “hola” casi inaudible. ¿Por qué?

Eso es lo que echo de menos, lo que hace de Phoenix un lugar especial. El tacto, el contacto, los abrazos, la cercanía de todos con todos. Los días de compartirlo todo y las noches de locura.

Eso es lo que me hace esperar con aún más ilusión (si cabe) el momento de volver a mi otra isla 🙂

That dance called “doing a Neil”
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*Por qué Chumphon?*

Creo que no es solamente por la cantidad de peces, ni por la variedad, ni siquiera por la posibilidad de whale shark. Es un conjunto de diversas cosas. Empezando por estas tres que acabo de mencionar, aunque ellas únicamente no serían suficientes.

También es por…

Barracuda Rock, el pequeño pináculo extra y zona donde en más ocasiones he hecho un deep dive.
La enorme escuela de chevron barracuda que tanto me fascina. Cuántas veces no habré dicho después de una inmersión que en mi vida anterior yo fui una de ellas…!
La escuela entera de batfish (más de 50), aunque incluso cuando se separan y solo hay 8-12 también me encantan. Parecen adorar a los buceadores y se suelen unir al grupo para nadar con nosotros sin miedo alguno.
Los giant malabar groupers tan perezosos, tan inmóviles hasta que deciden moverse y luego suenan como un trueno y nadan a la velocidad del relámpago (que se lo digan a James que estuvo muy cerca de ser abofeteado por la cola de uno de ellos).
La crown jellyfish. Enorme, inofensiva, de movimientos elegantes. Su presencia es siempre una incógnita, va y viene, a veces se queda, a veces solo pasa por allí. Belleza ligada a la lentitud.
La box jellyfish, la más peligrosa del océano, aunque la especie que tenemos en Koh Tao no es tan mortífera como la australiana. De todos modos, nadie lo ha querido comprobar. Es sentir adrenalina en vena.
El scorpion fish que siempre está en la north buoyline. Siempre. Tanto camuflarse para no cambiar de roca nunca.
Los filefish que a veces nadan alrededor de las cuerdas y nos hacen los descensos y las paradas de seguridad mucho más amenas.
Los rainbow runners y los trevallis que cazan durante el día. Acechan a los fusiliers y los rabbit fish, los persiguen, los atacan. Naturaleza en estado puro, eso nunca ocurriría en un acuario.

Mickey grabando la adorable crown jellyfish

Y a parte de la vida marina tan increíble, es también por el tamaño, lo suficientemente “pequeño” como para dar la vuelta completa en unos 45 minutos, pero a la vez lo suficientemente grande como para no aburrirte nunca y como para seguir descubriendo algo nuevo CADA vez (coral banded shrimps, lionfish, cuttlefish, razorfish, a weird crab at 35m, a school of baby yellowtailed barracuda, an incredible fish tunnel at 30+m on the north buoyline…)

Pero sobre todas estas características, es por las sensaciones – libertad, grandeza, inmensidad, paz. No hay ningún lugar en todo el dive site en el que me sienta a disgusto, no me atrapa, siempre hay mucho espacio, siempre hay metros y más metros de agua azul alrededor que me hacen sentir lo enormemente gigante que es el océano comparado conmigo. También es la profundidad, saber que tienes metros por debajo cuando ya has descendido hasta los 25m, saber que si te alejas y pierdes el pináculo de vista… seguirás descendiendo hasta más allá de los 40m permitidos. Es saber que nunca tendrás tiempo suficiente como para mirar en cada grieta de las rocas, saber que se te acabarán los minutos mucho antes de lo que desearías. Todas y cada una de las veces. Es desear que no hubiera límites… de aire, de minutos, de nada. Que pudieras hacer una inmersión hasta que el corazón dijera basta. Me pregunto cuantas horas tardaría en aburrirme… en realidad, me pregunto si me aburriría alguna vez, porque así como en la mayoría del resto de divesites me he llegado a aburrir, en Chumphon no me ha ocurrido nunca. Una de las frases que más repito cuando me preguntan por qué Chumphon suele ser – “cus I could dive there twice everyday and never get bored” y lo digo de corazón.

Magnífico lugar. Sin duda alguna mi lugar favorito en el mundo. Lo echaré mucho de menos.

23/5/2012

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