Monthly Archives: February 2012

Sonrisas como tattoo permanente

Leo una frase “la buena vida es cara” y me dan ganas de reírme a carcajadas. La buena vida es lo más barato que existe, es algo que existe en nuestra mente.
Además, ahora mismo la buena vida, la mejor que hay en el mundo, es de lo más barato que hay… La buena vida se paga a menos de 15$ al día y se ve así a través de mi objetivo:

Sail Rock trip

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Felicidad es…

…despertarte a las 3am y mirar el reloj “¿Son las 6 ya? ¿Me puedo levantar?” y que te sepa mal que no lo sean y tener que volverte a dormir.
…mirar por encima de la proa del barco y ver esas tres islitas unidas por lenguas de arena. Koh Nang Yuan, nombre imposible que siempre recuerdo.
…enfundarte un wetsuit por la mañana y no quitartelo en 12 horas.
…estar en un lugar donde todo el mundo tiene una palabra amiga, una mirada de complicidad, un high five.
…”sentarte” con las piernas cruzadas a 5 metros bajo el mar esperando que pasen los 3 minutos de la parada de seguridad y darte cuenta de que tu flotabilidad es perfecta.
…tener que sacar del agua a unos fun divers que se han perdido y han quedado bajo tu responsabilidad.
…regresar a un sitio 2 años más tarde y que muy poco haya cambiado.
…la ilusión de sumergirte todos los días deseando ver uno de esos majestuosos animales que tantísimo te apetece ver. Oh, whale shark 🙂
…recibir un comentario anónimo que dice exactamente lo que necesitabas escuchar.
…que te lleguen los libros para estudiar esta nueva aventura y que no puedas esperar para abrirlos y empezar a leer. La biblia del buceo.
…que se te acerque tu instructor y te diga “pon tu nombre en la pizarra para el barco de la mañana porque nos vamos al barco hundido y esta vez vamos a entrar”.
…seguir recibiendo whatsapps de tu gente en los momentos más inesperados. De David, de Alex, de tu familia.
…beber batidos de frutas constantemente por $1 y comer platos tailandeses por menos de $2.

Felicidad es que el pasado y el presente estén en paz y que el futuro no importe.

Felicidad ahora mismo es estar aquí haciendo lo que hago.

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Same same but different

And not that different.

Tengo una extraña sensación que me recorre por dentro estos días… me siento como si nunca me hubiera marchado.
Llegué hace dos días y ya me ha pasado todo lo que “temía”. Koh Tao sigue siendo la misma y yo me sigo sintiendo a gusto aquí, me di cuenta en el mismo momento en que bajé del barco. De hecho, venía para dos semanas y, por ahora, me quedo dos meses y medio, con eso lo digo todo sin tener que decir mucho.
Hay algo más de gente que la primera vez que estuve aquí (quizá por ser temporada alta) pero las sensaciones son las mismas – tranquilidad, encajar, libertad, paz. Sonrisas.

Había planeado esto de manera que fuera a ser distinto esta vez. Pero no puede serlo, es imposible. Entré por la puerta de Phoenix y ahí estaba Dani, la misma chica de siempre, y en menos de 24 horas me habían convencido de que no vaya a Filipinas, sino de que me quede para hacer el divemaster (con Claus, el mismo instructor!!). Yo misma había soñado con hacer eso pero me había convencido de que tiene más sentido lo de viajar y ver lugares nuevos… Me engañaba por algún motivo. Puede que fuera miedo de que la isla no estuviera a la altura esta vez, de que fuera a decepcionarme, de que la pisara y quisiera salir corriendo. Sin embargo, en diez minutos ya había comprobado que ese no era el caso. Después de pisar la caótica y sucia Malasia, Koh Tao me permitía volver a respirar con tranquilidad y me pintaba una sonrisa al darme cuenta de que es tan paraíso como yo recordaba.
Tampoco me importa ya el “miedo” a que me juzguen (“tienes 5 meses y vuelves a encerrarte en el mismo lugar que ya has visto!”), porque tan pronto como tomé la decisión de no subir a ese avión a Filipinas, me pasaron 3 cosas: Dije “soy feliz”, sentí como si mi interior fuera una explosión de fuegos artificiales y, finalmente, me sentí en paz. Supe que era exactamente la decisión correcta.

Me encanta, además, que aquí los fantasmas de los recuerdos tampoco sean tal cosa. Aquí son sonrisas. Como todo, como siempre. Nada malo sigue teniendo cabida en la atmósfera de la burbuja de 7×3 kilómetros.

Ya estoy aquí. Maleta deshecha, habitación alquilada por un mes, con deberes y libros para estudiar. Ya estoy aquí… en ese lugar que ha habitado mis sueños durante dos años. Ese lugar que siempre trae chiribitas a mis ojos.

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Tercer país

Ya dejé Fiji atrás… con pena. El tiempo no acompañó completamente en ningún momento, pero eso no evitó que descubriera otro país de gente feliz, muy feliz. Un país basado 100% en el agua de mar – snorkel, kayak, moto de agua, surf, buceo, pesca… Y en esos 23 días, muchas anécdotas, playa, arena y sol. Mucha perfección llena de naturaleza y sencillez después de 14 meses en una ciudad donde ganaban siempre las prisas. Además, la compañía fue de esas que no se olvidan, de esas que te abrazan y te tocan el corazón.
Si algún día tengo la oportunidad y el dinero, no lo dudaré, tocará volver a Fiji para saldar un par de deudas que me han quedado pendientes (nadar con manta rays, entre otras cosas).

Hoy termino también la etapa posterior a Fiji, que ha sido cortísima, una etapa de trámite. Tres días en Malasia que han dado para algo de turisteo diferente pero muy decente, un reencuentro bastante esperado y alguna que otra cerveza en Chinatown.

Los monos me hablan – by Lluc Pons

Sin embargo… ahora viene algo que hace 2 años que espero. Algo que no sé si estará a la altura o si me volverá a enamorar. Algo que me aterra y me emociona en un mismo grado de intensidad…

Mañana dejo Kuala Lumpur para ir a Koh Tao.

Koh Tao… mi burbuja paraíso. Y tengo muy asumido que será un gran remolino de sentimientos. Me apetece.

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La aventura de Mana Island

Después de 12 días en la Coral Coast, decido moverme con los chicos españoles del rugby para las islas del oeste. La oferta que tienen son 6 noches, 7 días, comidas incluídas y el barco de ida y vuelta por 420FJD y no puede sonar mejor. La isla es pequeñita (supuestamente se puede dar la vuelta en 3 horas) y tiene un arrecife de coral bastante importante. Suenan también las palabras “buen buceo” y con eso me dejo comprar.
La aventura empieza con Matías (Martín y Asia salieron un día antes y Facu viene un día después), con el que nos subimos a un bus que nos va a llevar hasta Nadi en 4 horas. Allí cerramos el trato con un hindú gordo que lleva las uñas pintadas de morado berenjena y quedamos con él que nos recogerán por la mañana para llevarnos al barco.
Por primera vez en la historia fijiana nos recogen antes de la hora prevista y nos acercan a otra guesthouse para que esperemos junto a los otros chicos que también tienen Mana como destino. Ahí sí que hacen gala de su cultura y del Fiji time y la partida que tenía que ser a las 9 de la mañana es finalmente a las 10.30.
Justo antes de subir a un barco (barquito, diría yo) con otras 6 personas y otras tantas maletas, nos chilla un señor que nos estamos dirigiendo hacia la zona donde va a azotar un ciclón. Bien, empezamos bien.
“Why not?” recuerdo mientras nos subimos al bote.

El trayecto es durillo y se alarga hasta la hora y media (debían ser 45 minutos) con olas lo suficientemente grandes como para haber decidido no cruzar. Durante todo el rato que estamos navegando, me repito una y otra vez que tengo mucha suerte de ser de mar. Dos de las chicas se marean en el barco y pasan un rato angustioso, mientras yo charlo entretenidamente con un inglés que lleva desde agosto viajando. Hablamos de países, de aventuras, de buceo y me siento en mi salsa.
Finalmente, llegamos a “puerto” donde nos esperan Asia y Martín con una medio sonrisa y una frase: “chicos, no os quejéis hasta que veáis el resort!”. Oh my… Nos acercamos a hacer el check-in y lo único que nos dicen es que no bebamos agua del grifo, que hay electricidad de 6 de la tarde a 6 de la mañana y que si necesitamos algo que les avisemos pero que tengamos en cuenta que en Mana el Fiji time se multiplica por 10. Paciencia por 15, pienso.
Entramos a la habitación. Cuatro paredes, dos camas, una ventana de cárcel y una cortina. No hay bombilla. De hecho, no hay nada más, ni sábanas. Descubrimos que tampoco tienen toallas, aunque no nos van a hacer falta… La ducha compartida es una manguera de la que a veces sale agua y a veces no. Asia me dice que se ha “duchado” en el mar. “La comida no está mal” añade como quien quiere encontrarle lo positivo.

Salimos de ahí dispuestos a no pisar el resort más que para comer y dormir, y descubrimos que los otros tres resorts son iguales y que el único que es distinto es el que tiene dueño japonés y cuesta mínimo 400FJD la noche, el cual tiene piscina, spa y pistas de tenis. El lujo y la pobreza más absoluta son vecinos y se dan la mano. Obviamente, tenemos prohibido acercarnos a ese lugar y, sin embargo, los japoneses se pasean por “nuestro” territorio como aquel que va de visita a un zoo.
No tendría problema alguno con nada de todo esto porque al fin y al cabo venimos a por la aventura. Aunque… el tiempo no pinta bien. Dime tú que hay por hacer cuando llueve a mares en una isla sin nada que está destinada al sol, el mar y la playa. Pues eso, nada.
Los chicos se aventuran con el kayak hasta el arrecife y con la que les cae a mitad de camino consiguen volver a duras penas. Eso sí, con un remo de menos y algún que otro corte que les ha hecho el coral en los pies cuando las olas les han volcado el kayak.

Y la verdad es que me encantaría poder decir que después de esto las cosas mejoran… pero no es así. Nos dan la misma cena y el mismo desayuno dos días seguidos, el agua de la ducha decide no salir más y, para colmo, el staff se emborracha durante 24 horas seguidas. Mientras tanto, la lluvia solo para de caer un ratito que nos permite dar la vuelta a la isla – casi 3 horas para descubrir lo que ya sabíamos: esto es un paraíso muy mal aprovechado.

El resumen de las noches es fácil. Dormimos con miedo, sin apenas movernos porque hay rumores de bedbugs en las camas. Se suman a ellos los infinitos mosquitos que pretenden matar a Asia, las cucarachas y un par de ratas… Mi teoría es clara, si me dieran a elegir me quedaría con ratas y cucarachas. Al menos, estas no tratan de chuparte la sangre mientras duermes.
Después de un par de noches en ese lugar, hemos tenido suficiente y decidimos apretar al dueño para que nos devuelva el dinero y nos podamos ir. Se ve que la suerte se vuelve a poner de cara y después de unas palabras con él y de explicarle lo que ocurre, accede a hacernos la devolución y nos ofrece una noche gratis en su hostal de Nadi (comidas incluidas). Aceptamos sin dudar y a mediodía dejamos atrás Mana Island que nos despide con otro diluvio universal.

Sin embargo, el mal tiempo no nos va a impedir seguir disfrutando de Fiji. En uno de los países más felices del mundo no se puede ser infeliz. Eso nunca 😀

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