Monthly Archives: February 2011

Mi fin de semana NBA

AQUÍ os dejo el enlace a mi experiencia como pseudo-periodista en la NBA. He tenido la suerte de poder vivir un fin de semana mágico con un Nets-Knicks y un Celtics-Heat… No os perdáis la historia que se vive detrás de los partidos de basket! 🙂
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Sorpresa!

-Neus, que me han invitado al Celtics-Heat el domingo.
* Y cuál es el problema? Vete y diviértete!!!
-No, que si quieres venir!

Que si quiero… que si quiero??? Creo que no hay nada en el mundo ahora mismo, de entre las cosas que son posibles, que pudiera hacerme más feliz. Cochear por la mañana hasta Boston, pasar el día allí y ver el partido por la tarde entre periodistas acreditados.

Algunos días el mundo decide sonreírnos y es nuestra responsabilidad aceptar esa sonrisa y hacer el máximo para sonreír de vuelta.

Tío, tío, tío… que me voy al BOSTONMIAMI!!!
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Tres meses

Casi se cumplen ya los tres meses desde que llegué a Nueva York y cuando miro atrás me parece que todo ha cambiado mucho y, a la vez, que no ha cambiado en absoluto. Desde que estoy aquí tengo más claras mis prioridades, lo que me gusta y lo que no, el tipo de vida que me hace feliz y la gente que me gusta tener alrededor. Eso, aunque pueda parecer bueno, no lo es tanto… porque me doy cuenta que el tipo de vida que me hace feliz no es este y que la gente que me gustaría tener alrededor no está. Incluso, una de esas personas para las que siempre había tenido un dedo de mi mano, ha dejado el dedo huérfano.

Es como lo de quitarte un anillo que has llevado muchos años – aunque no pienses en él, notas su ausencia, te falta. Y no me acostumbro. Me miro la mano y pienso que ese dedo merece tener una persona a la que simbolizar, pero no consigo juntar la fuerza para eliminar la última letra de ese nombre que me dió y me quitó tanto. Se me da muy mal lo de despedirme y matar la esperanza y, ni sabiendo que he sido reemplazada por otra persona, consigo juntar la fuerza suficiente para convencerme a mí misma de que ya no existe y de que no volverá. Que ya no tiene nada que ver conmigo… Lo decía ayer y no se hacía más real “Marc ain’t coming back…”

La distancia es buena compañera y es aliada del olvido, lo dicen y es muy cierto. Se desdibujan esos rasgos que eran familiares y la mayoría de recuerdos se difuminan y se vuelven más irreales. Pero por culpa de la distancia me toca pasar por esto sola. No puedo llamar a Flor y que aparezca para ahogar los problemas en gin con una rosa y una sonrisa para mi. No puedo coger un avión de media hora y plantarme en casa de mi primo para pasar un fin de semana de juegos, deportes y compañía; ni un tren que me lleve a Sant Cugat dónde pasar las horas con mi hermano y mis otros primos. No puedo bajar la cuesta de mi casa escuchando música mientras me dirijo a esa otra fortaleza que es la casa de mis peque-primas, ni volver a subirla sabiendo que me dirijo a mi casa, a la de verdad. Home.
No puedo refugiarme entre Heinekens y bolos mientras Héctor me dice que soy tonta y se ríe de mis problemas de pacotilla, y tampoco puedo llamar a mis amigas, a las de toda la vida, para ir a tomar una cerveza en Barcelona o Ferre… y pagaría mucho por ello ahora mismo. Mucho. Una tarde de Cina o de Tash… para poder mirar el resto de mis dedos, los que tienen su nombre, y estar orgullosa de tenerlas en mi vida.

La distancia… arma de doble filo. Por muy normal que sea en mi vida lo de estar lejos, nunca termino de acostumbrarme del todo, porque a pesar de todos los inventos y toda la teconología, a pesar del skype, el facebook, el twitter, el whatsapp… ninguno de ellos puede reemplazar un abrazo. Ninguno me trae la cercanía de poder hundirme entre el cuello y el pelo de una persona a la que quiero y mojarle la piel en lágrimas mientras le pregunto dónde me equivoqué y cuándo se pasará… Cuándo?

Cuándo…?

Y Nueva York… supongo que ayuda. El sueño de tanta gente de vivir aquí se hace realidad en mi vida y yo sigo como antes de venir que la gente me preguntaba “no te hace ilusión?” y yo solamente decía “no lo sé, supongo que cuando esté allí me la hará”. Por ahora, sigo sin saber si me hace ilusión o no. Esta ciudad me permite que no tenga mucho tiempo para pensar y que los días pasen rápido, me permite observar otra cultura y otra manera de hacer las cosas. Me fascina en todos los aspectos, pero no todos son buenos. Creo que NY me salva por un lado, mientras me derrota por otro: me deshumaniza. La gente son cifras – de rendimiento, de dinero, estadísticas, minutos… No hay tiempo para los sentimientos, para el roce, para la sobremesa, para la vida. Y vienen visitas que después de pasar unas horas conmigo, todo lo que desean es ir a Koh Tao. No, no me equivoco. Visitan NY y, a pesar de pasar una semana genial en la ciudad, se sientan a mi lado y ven mis ojos brillar cuando explico el tipo de vida que me hace feliz y entienden que la felicidad verdadera no tiene cabida en Nueva York. Que es una ciudad para visitar, para ser recorrida de arriba a abajo, para ser disfrutada al máximo por unos días y para salir corriendo de aquí antes de que te convierta el corazón en piedra.

De momento, tres meses después de llegar, seis meses después del fin, un año después de la vuelta de Thailand y 26 años después de nacer… yo estoy aquí, en Nueva York, levantándome todos los días esperando que ocurra algo que lo cambie todo, esperando que se vaya el peso que hay en mi pecho y que desaparezca este sentimiento de “ojalá no te hubiera conocido nunca”. Esperando una señal para poder responder a la pregunta más importante de todas con un sí: Vale la pena?

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