Koh Tao Crossfit

I’m still not quite sure how I ended up in the box (Crossfit word for gym) for the first time. I was having some tough days and I knew I needed to do something about it and as a former basketball player (and crazy about the sport) my mind wandered that way… I knew I wanted / needed to bring exercise back in my life and only diving wasn’t good enough anymore. Needless to say there aren’t many options on Koh Tao and I quickly discarded the idea of Muay Thai or boxing and decided I didn’t want to go to a regular gym. My only options were trapeze (not really interested) and Crossfit.

So here I went, hopped on my bike and went to see what this Crossfit thing was. As soon as I got there, I was greeted by Claire in a very enthusiastic way and she explained me eeeeverything she could about prices and times and tried to give me an idea on what Crossfit was all about. I didn’t really understand what I was signing up for, but I wanted to give it a try anyway, so I decided to start the next Monday.

When the day arrived, I was greeted by Brad (head coach) and I told him I wasn’t quite sure of what I was doing. Big smile on his face, he reassured me I would be just fine, so I started my first fundamentals lesson with a bit more confidence. All in all, I took three of this mandatory sessions and by the time I finished them, every muscle in my body was completely sore and I had already decided I was going to love Crossfit.

After a WOD on the beach!

After a WOD on the beach!

It has been just a month now since I joined the normal classes and I have become one of them, part of this huge crazy family that can’t seem to be able to do anything but Crossfit and then talk about Crossfit. I have also become part of a smaller family, which is my box here on Koh Tao and I love it.

Throughout this month I have been working out 5 times a week under the supervision of Brad and H, and even though I have a long way in front of me to become better at it, I can see improvements already (those 12 double under’s in a row!!) and that makes me feel great. I absolutely love the fact that I wake up happy everyday because I’m going to Crossfit and the feeling after the WOD (Workout of the Day) is priceless. My coaches are brilliant and extremely patient as they explain every single exercise in a very clear way and then watch us and correct our form as we practice our skills. They are also awesome cheerleaders when it comes the time of the WOD and that really helps to push us to our limits. I don’t really have enough words to explain how much they do for us (even extra sessions if we ask them), but you can see it by how much everyone loves them. One more sign of a little happy family.

All in all, I’m very proud that I pushed through that hard month I was having and decided to give Crossfit a try. It is indeed one of the best things to have happened to me in a long time and now they will have to put up with me because I plan on sticking around for quite a while, so I can keep getting better and better!

 

Crossfit, nice to meet you!

And thank you, Claire, Brad and H 🙂

 

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S’àvia Úrsula

Me han dicho hoy que ya no voy a verte más. No sé si las últimas veces que te vi, tú me viste a mi… pero sí que sé que tú siempre siempre me hiciste sonreír.

Recuerdo llamarte para decirte lo que quería en mi bocadillo… “s’àvia, vull atún o sobrassada i ara venc a cercar es panet”. Y luego, al salir de clase venía otra vez y te pedía una “poma pelada feta 4 trossos” y tú con tu paciencia de abuela hacías magia y me concedías todas esas cosas.

Luego, bajábamos a tu casa con mis primos terremotos… nos comíamos los periódicos, construíamos castillos, jugábamos en la acera, hacíamos pasta para comer o para cocer, comíamos “pilotes” a la fresca, polos hechos en casa… y estábamos contigo – S’ÀVIA con todas las letras, probablemente te gastamos el nombre entre todos… porque tú fuiste todas las cosas que una abuela tiene que ser. Regalessies, caramel·los d’eucalipto, chupet, pa de l’avi, dibuixos a sa tele, portau-vos bé.

No me importa mucho si nadie más entiende lo que escribo. Yo lo entiendo, y gracias a todo esto yo soy lo que soy, y mis primos son lo que son. Son tantas cosas que se han ido hoy que el día en Tailandia ha decidido nublarse y ponerse triste… No tiene sentido tener un buen día cuando un ángel como tú se va. Tú nos cuidaste a todos sin una sola queja. Nosotros te quisimos a ti sin una sola duda.

T’estimam, s’àvia.
S'àvia Úrsula

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De cómo cada paso me llevó hasta hoy

Llevo muchos días pensando que debo ser una de las personas más felices del mundo y me siento muy afortunada por ello. Para los que lleguen hasta aquí sin saber la historia, la voy a resumir.

Hace 4 años decidí(mos) mi amigo y yo venir a Tailandia con el objetivo de aprender a bucear. El verano anterior habíamos hecho un bautizo y nos había encantado así que ¿por qué no? Compramos billetes, nos pusimos vacunas, procesamos visados y nos fuimos para Tailandia a pasar 2 meses, de los cuales 5 semanas fueron en Koh Tao. Poco sabíamos cuando decidimos todo aquello que la isla del Golfo de Tailandia se convertiría en nuestra burbuja de felicidad.

Cuando llegamos aquí, nos dimos cuenta de que había muchísimas escuelas de buceo y no teníamos información sobre ninguna. Fuimos a Kerry, la encargada de los bungalows en los que estábamos (ahora dueña de The Earth House), para que nos orientara un poco a la hora de decidir dónde hacer los cursos y nos dio dos nombres. Preguntamos en los dos sitios y no nos costó decidirnos por Phoenix Divers porque Dani, la chica de la oficina, contestó a toooodas nuestras preguntas sin perder la sonrisa y con todo el entusiasmo del mundo.

En ese viaje hicimos el open water y el advanced, unos cuantos fun dives y un viaje a Sail Rock. Se puede decir que en esas 5 semanas me enamoré… Del agua, de los peces, de Koh Tao. Cuando dejamos la isla, me prometí a mi misma volver algún día y aunque tardé dos años en cumplir mi promesa, volví.

Aún no sabía que era para quedarme… Vine en enero después de vivir en Nueva York un año y medio y mi idea era pasar tres días en Koh Tao para luego seguir viajando a Filipinas e Indonesia. El primer día salí con el precioso barco rosa de inmersión y entre Jeremy y Emma me explicaron las maravillas de hacer el curso de Divemaster. Al día siguiente había encontrado alquiler mensual y empezaba el curso de Rescue. Ya había asumido que el buceo y Koh Tao eran lo que quería, no me hacía falta seguir buscando.

El training para convertirme en Divemaster no me decepcionó y de la mano Claus, mi mentor e instructor en todos los cursos menos el Rescue, me convertí en Asistente de Instructor, para luego empezar a trabajar liderando fun dives.

Los meses fueron pasando y no me desenamoré ni un poquito de la isla o de mi trabajo que consistía en  combinar buceo y oficina. Trabajé duro, muchas horas, muchas inmersiones, porque quería asegurarme un puesto para poder quedarme en Tailandia tanto tiempo como fuera posible. La frase siempre era “Mientras la isla siga haciendome feliz, quiero quedarme”.

Ahora hace un mes desde que pasó algo que no me esperaba. Volví de mis vacaciones en España para descubrir que la manager anterior había abierto su propia tienda y ya no trabajaba en Phoenix. Cual sería mi sorpresa cuando Neil me dijo que tenía que hablar conmigo y me ofreció el puesto. Sólo puse una condición: “acepto el trabajo, si puedo salir a bucear cuando yo quiera.” La respuesta fue un sí rotundo.

Así que aquí estoy, en una isla a la que adoro, haciendo un trabajo que amo con toda mi alma, rodeada de gente increíble y levantándome cada mañana sabiendo que “si hoy fuera el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy”.

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Reencuentros

Mi parte favorita de Koh Tao es volver a ver a mi gente cuando regresan. Esta vez ha sido el turno de Rick, mi sueco favorito, que fue mi mejor compañero (junto a Ben y Jen) cuando hice mi training para ser Divemaster en 2012. Llegó hace cuatro días y me lo estoy pasando genial, recordando los meses de nuestro training, saliendo a comer a sitios a los que normalmente no voy, bebiendo cervezas mientras vemos la puesta de sol y, sobretodo, buceando.

Esta mañana ha sido la primera vez que buceo desde mi vuelta a Koh Tao (la desventaja de ser manager…) y he buceado con Rick como en los viejos tiempos. Lo mejor de bucear con alguien con quien has buceado mucho es que es todo muy natural – os entendéis perfectamente, sabéis las señas de cada uno y todo fluye de una manera muy sencilla. La primera inmersión ha sido en Chumphon y hemos bajado a unos 33 metros con una visibilidad absolutamente perfecta!! Además ha sido la inmersión número 100 de Rick y, como manda la tradición, la ha hecho desnudo. Puntos extra para un día de buceo genial! Ha sido la mejor manera posible de volver a mi elemento favorito 🙂

So happy to have him around

So happy to have him around

Lo único malo de las visitas es que luego tienen que volver a casa… Voy a echar mucho de menos a Rick.

Come back soon!!!

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Post-Bali

Este ha sido un visa run que no ha sido visa run y un viaje que no ha sido viaje. Ha sido algo entre la sombra de los dos – mejor, mucho mejor que un simple viaje a por una pegatina en el pasaporte y no tan genial como un viaje con total libertad. Dos viajes a la embajada y cuatro a la Apple Store han impedido que me pudiera mover mucho por Bali, pero al final ha sido lo que necesitaba. Unos 8 meses de visado, el ordenador arreglado y la oportunidad de saborear lo que es vivir en Legian gracias a Nicky y Amelia, dos chicas alemanas que me han recibido en sus vidas como si me conocieran de toda la vida. Y eso se agradece, encontrar a gente por el camino que te da lo que tiene sin esperar nada a cambio.
Gente que te abre las puertas de su casa y te invita a un café, gente que te lleva en moto para que te ahorres las tarifas de locura de los taxis, gente que te pone al día de sus cotilleos en dos horas y te considera una más desde el principio, gente con la que tomar una copa al anochecer. Personas que te hacen sentir bien, como en casa lejos de casa.
Me hablaron de surf y yo les hablé de buceo, comparamos vidas en islas distintas, compartimos lo que echamos de menos, hablamos de Europa, de vidas reales y de sueños, hablamos de chicos y de diferencias culturales, nos sentamos en nuestra terraza y vimos pasar las horas (rápido, como solo pasan cuando te encuentras a gusto). Vi que su pasión por Bali es como la mía por Koh Tao y nos sentimos unidas por ello. Al fin y al cabo, ellas también son mujeres de viajes y agua.

Sé que siempre digo lo mismo, pero cada vez que salgo de mi(s) casa(s) lo vuelvo a descubrir. El paraíso no es un lugar es la gente.

Y sé también que algún día volveremos a cruzar nuestros caminos, aunque quien sabe si en Bali o en Koh Tao…

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Visa run a Bali

Cuando sales de tu zona de confort aprendes, aprendes mucho.

Estoy en Bali, donde he venido con dos misiones y con mínima ilusión (por no hablar aún de mínimo dinero). Mis misiones son un visado para Tailandia y arreglar el Macbook. Parece que ambas van a ser satisfactorias, así que el viaje debe considerarse un éxito. ¿El problema? Que he recordado. O aprendido. No lo tengo muy claro (aunque lo dejaremos en aprendido).

He aprendido…

que la pija que hay en mi nunca va a desaparecer. Que si me dejas en una calle llena de tiendas Roxy, Quicksilver, Billabong… voy a querer comprarlo todo. En Koh Tao es aceptable vestir como un pordiosero, pero a la mínima que sales ya no lo es. Y ahí es donde mi Neus más Neus aparece. Yo quiero ser la que siempre soy, la que viste con estilo, la que sabe lo que hace cuando elige su ropa y sus zapas, la que tiene las mejores prendas acorde con lo que le gusta. Pero… ay, mi amigo el dinero…

que en todos los países hay bueno y malo y hay que asumirlo, entenderlo y disfrutarlo.

que para cada cosa buena que pase, puede pasar una mala y eso no borra lo positivo.

que gente buena (y mala) también hay en todas partes y ese es el tesoro más grande. Que un taxista te cobre 13€ por 4 horas de llevarte a la embajada, la Apple store y a buscar sitio donde dormir mientras te explica todo lo que va viendo por la carretera es la prueba de ello. Terima Kasih 🙂

que nunca me van a gustar las playas con chiringuitos y aglomeraciones, así como nunca voy a poder pasarme un día entero en la playa haciendo nada.

que una vez encuentras tu sitio no tienes por qué seguir buscando. He conocido a dos chicas alemanas que no han visto mundo pero que están enamoradas de Bali y sienten que deben viajar porque “es obligatorio” ver mundo. Mi respuesta: No, no lo es. Si esto es lo que os gusta, enhorabuena, habéis encontrado lo que muchos buscan durante toda su vida y nunca encuentran.

que el dinero (me perdonen todos ustedes) sí que compra la felicidad (una parte de ella, al menos).

Y lo más importante que he aprendido es que no importa lo bonito y espectacular que sea el sitio en el que estás… al final del día, sólo quieres estar donde siempre – bebiendo cervezas con los tuyos y celebrando dos snorkel tests en Koh Tao.

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Una semana con dengue

Hace semanas, meses, que escucho hablar del temido dengue – un virus que se transmite vía mosquito de persona a persona. Los hechos básicos son: uno – no hay cura o medicina, hay que pasarlo. Dos – no hay vacuna o inmunidad. Tres – sigue extendiéndose, y cada vez más y más. Así, después de ver como mis compañeros sucumbían al mal uno a uno, en mi cabeza no rondaba el “si tengo dengue…” sino el “cuando tenga dengue…”.

Ahora ya tengo cuando. El 24 por la noche, un día antes de marcharme a Malasia de visa run, me subió la fiebre. No dije nada y me fui a dormir porque al día siguiente tenía que bucear y me dormí pensando que quizá me había dado demasiado sol (ojalá, pensaba). Sin embargo, todos nos sabemos al dedillo los síntomas del maldito virus indomable y a mí no me faltaba ni uno: dolor detrás de los ojos, dolor en las articulaciones, en la parte baja de la espalda, cansancio, falta de apetito y fiebre, bastante fiebre. 39º que no me abandonarían en casi ningún momento durante la siguiente semana.

Los dos primeros días fueron los peores. Daba igual la postura que adoptara porque el dolor no se marchaba y el calor más el viaje a Malasia no ayudaron a apaciguar el malestar. Sin embargo, ¿qué más da? Hay que pasarlo, y por mucho que me quejara no iba a irse antes. Man up, que dicen en inglés.

El resto de días fue a mejor, sin hambre pero sin dolor, solamente fiebre y debilidad. Y sin embargo, los análisis decidieron salir un poco peor y justo había vuelto de Malasia, me mandaron a Koh Samui a pasar una noche al hospital. Y vaya hospital. Público, del gobierno. Un hospital donde los familiares cambian sueros, bañan a los pacientes, les cambian las vendas… Un hospital donde no te hacen mucho caso. Menos mal que solo fue una noche (y nos seguimos quejando de la sanidad española, ¿verdad?).

El 6º día la fiebre desapareció, volví a tener hambre, me subieron las plaquetas y bang, así de rápido como había llegado, el dengue se fue dejando tras de si la certeza de que ahora soy inmune a uno de los 4 tipos que existen. Esperemos que los otros 3 estén de vacaciones durante mucho tiempo.

Gajes de vivir en el paraíso. Siete días más en seco y de vuelta al agua.

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Mis mundos

Estos últimos días pienso muchas veces en como cambian las cosas y en como cambia nuestra manera de percibirlas cuando nos alejamos de ellas. Como es distinta la realidad al recuerdo y como son distintos los sentimientos desde dentro y desde fuera. No es decir nada nuevo si afirmo que cuando todo esto sea parte de mi pasado, pensaré que fueron los mejores años de mi vida, guardaré solo lo bueno y ahogaré hasta aniquilar cualquier resquicio de lo malo.

Igual que he hecho siempre con mis otros hogares.

 

De Alexandria echo de menos el coche, ser la taxista de los niños, tener la libertad de poder subir a ese gigante de metal grisáceo que me prestaban Corny y Patty para ir a perderme a cualquier lugar o a encontrarme en la cancha de NOVA. Echo de menos grabar a Sophia y a Q en sus actuaciones de estrellas baratas y cocinarles sin usar más que el microondas. Echo de menos tener una persona que estaba a mi lado aunque estuviera a más de 6000 km de distancia y poder abrir el ordenador en cualquier momento para contarle mis temores sabiendo que los acallaría con una frase. Echo de menos los centros comerciales por los que paseaba aún sabiendo que no iba a comprarme nada y las tiendas de cosas fascinantes que no teníamos en España. Echo de menos las calles tranquilas del suburbio rico en el que vivía y por las que paseaba a Snickers cada mañana mientras leía todos los mensajes nuevos del foro de NBAdictos.

Y lo que no echo de menos, se me ha olvidado.

 

De Brooklyn echo de menos las puestas de sol en las que no veía ponerse el sol pero a cambio sí que veía como cambiaba el color de las paredes del barrio. Se volvían doradas e incluso el ambiente se teñía de ese color que me hacía sentir que todos los sueños se pueden hacer realidad. Echo de menos caminar 8 bloques hasta el Dunkin Donuts para comprarme un café enorme y hacer lo que hacen los americanos – beber sorbito a sorbito mientras camino de vuelta a casa o hacia algún otro lugar. Y pienso ahora ¿cómo me mirarían en España si hiciera la compra con un café para llevar en la mano? Echo de menos ir lejos, muy lejos, porque a veces el placer no es solo estar en un sitio sino tener que llegar. Música en los cascos, manos en los bolsillos, caminando un rato, en metro otro rato más y mientras, perderme en mi mente que se me da muy bien pero solo cuando me muevo. Si me siento en mi habitación o en un banco no funciona, necesito moverme aunque sea sentada en un vagón de tren. Echo de menos mi calle, mis vecinos, mis amigos, sentarme con ellos en el portal y compartir unas cervezas y unas risas. Echo de menos la inmensidad y los puentes, el frío cerca del río. Echo de menos saber que toda la modernidad y la tecnología están al alcance de la mano, y las Apple Store… las echo de menos también.

Y lo que no echo de menos, se me ha olvidado.

 

Y si bien estoy tentada de decir que no echo de menos nada de Barcelona, sería una mentira. Hay algo que echo mucho de menos, quizás más que cualquier otra cosa mencionada hasta ahora. Echo de menos vivir con mis primos, con Toni y con Monica, con Francesc, Joan y Àngel. Tanto, tanto, que firmaría sin pensarlo estar viviendo con ellos ahora mismo. Quizá también echo de menos las mañanas al sol jugando a baloncesto en compañía.

Y todo lo que no echo de menos, se me ha olvidado.

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Out

Estoy segura que recordaréis como hablaba de lunes y viernes y de como a mí me gustan mis lunes… Hoy me reafirmo. En la última inmersión tuve un problema compensando que derivó en perforación de tímpano, lo cual me va a mantener apartada del agua y de mi adorado trabajo durante al menos un mes. Así, mi vida ha pasado de ser una sucesión de lunes a ser una sucesión de sábados en los que ni gano dinero ni tengo mucho que hacer.

Lo sabía antes y lo sé ahora – nos encanta quejarnos. Muchas veces en los 21 días seguidos que trabajé, me paré a pensar “oh, que ilusión me haría un día libre”, aunque cada una de las veces me recordé que mi vida es fantástica y mi trabajo uno de los mejores del mundo. Ahora… solo quiero volver al agua. Ahora, que es temporada alta y ya he sobrevivido a la temporada baja. Ahora que es el momento de darlo todo y ahorrar un poco. Ahora que la tienda está llena de gente que quiere que les enseñemos nuestros divesites.

Y me dan más ganas cuando veo la pizarra blanca llena de nombres, con tanto trabajo para todos, y veo a mis compañeros correr de un lado a otro dando su alma por nuestra escuela, por nuestro barco rosa, por las sonrisas de nuestros clientes. Hoy, uno de ellos, Sarah, ha tenido tiempo de pararse y mirarme “We need you.” Lo sé y más lo necesito yo… El dinero, el trabajo, la diversión, el estrés previo a la calma subacuática. Sin embargo, de nada sirve apresurarse, mi “enfermedad” se trata de cuidarse y tener paciencia, no importa cuanto anhele la vuelta a mi mundo.

De este modo, me recuerdo hoy a mí misma que no vale quejarse ni cuando las cosas están mal. Hay que reaccionar y seguir, buscar un trabajo para un mes, sobrevivir sin agua y esperar la vuelta con ganas. Y también, recordar una vez más, yo y todos los demás, que más vale una sucesión de lunes que una sucesión de sábados y que hay que disfrutarlos mientas nos rodean.

 

Mi rutina, mis peces, mis explicaciones antes de cada inmersión, mis clases antes de un review, los viajes en barco, la manera en la que conseguimos que todo funcione cada día. Todas las piezas del puzzle. Mi vida.

 

There are definitely days when the romance is dead… but if you look around, things are pretty amazing. So stop for a second, enjoy the beauty, feel the magic, drink it in because it won’t last forever. The romance will fade, things will happen, people will change, love will die but maybe not todayGrey’s anatomy

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Días

La mayoría de la gente, en un destello de innovación típico de las redes sociales, se queja de los lunes y se alegra de los viernes. De hecho, parece que cada semana es una simple cuenta atrás, una carrera desagradable que tiene por final dos días de descanso. Para mí es muy distinto.

Yo trabajo todos los días (si hay trabajo) y solo descanso cuando no hay clientes. Ayer no trabajé y, por un lado, se agradece mantener la piel seca durante un día, pero por otro me incomoda un poco porque yo no tengo un lunes asegurado. Yo podría estar un mes sin trabajar si no hubiera gente y no sería una sucesión de sábados, sino un mes sin trabajo y sin dinero. De este modo, consigo alegrarme de todos mis lunes porque significa que hay suficiente trabajo, significa que sigo sobreviviendo en este mundo superpoblado de divemasters, significa que sigo teniendo éxito en lo que hago. Mi última sucesión de lunes sumó 21 días seguidos, siendo ayer mi primer día libre en diciembre, y yo… me alegro. Me gustan mis lunes.

Categories: día a día, Koh Tao | Leave a comment

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